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San Miguel de Tucumán
28 enero 2023

Basada en una historia real, llega “El espía inglés”, con Benedict Cumberbatch a Amazon

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Greville Wynne, un talentoso ingeniero británico que fue contratado por el Servicio de Inteligencia Secreto (MI6) para trabajar como espía durante la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, tuvo la misión de filtrar información para evitar la catástrofe inminente que auguraba la crisis de los misiles cubanos en octubre de 1962.

La película “El espía inglés”, que acaba de estrenar Amazon Prime, es dirigida por Dominic Cooke y protagonizada por Benedict Cumberbatch.

El filme narra acontecimientos ocurridos en la misma época en que se desarrolla “Puente de espías” (2015), de Steven Spielberg, durante el momento más tenso de la Guerra Fría, en las que los protagonistas no pertenecen al mundo de la inteligencia. La de Spielberg rescata el rol del abogado James B. Donnovan tras la captura en suelo estadounidense del espía soviético Rudolph Abel y su posterior intercambio por el piloto Francis Gary Powers, capturado luego de que su avión de vigilancia U-2 fuera derribado en territorio ruso.

Por su parte, la película de Cooke reconstruye la historia de Greville Wynne, un hombre de negocios elegido por la agencia británica MI6 para establecer contacto con Oleg Penkovsky, alto funcionario del Kremlin que filtró información vital durante la famosa Crisis de los Misiles que puso al mundo al borde del colapso nuclear.

Según compara una nota publicada en Página 12, en “Puente de espías” el trabajo de Tom Hanks era fundamental para darle credibilidad a ese abogado que de golpe se veía envuelto en una trama propia de una novela de Graham Greene. De igual manera, en “El espía inglés” descolla el trabajo de Benedict Cumberbatch, uno de los actores más versátiles del cine actual. Su composición de Wynne transmite de forma muy verosímil la transformación que atraviesa el personaje, yendo de su inexperiencia y temores iniciales, a la fidelidad con la que sobre el final se abraza no solo a la tarea encomendada, sino a la amistad que inevitablemente surge entre él y Penkovsky.

Aunque Cooke no se aparta del imaginario que rodea a la Guerra Fría, asumiendo una clara (y obvia) mirada occidental, también elude caer en los estereotipos groseros y evita el retrato monstruoso del régimen soviético. Eso no impide que la sensación de peligro alimente las escenas en las que el protagonista cumple su misión en Moscú, acumulando sobre sus espaldas el peso de todas las miradas.

Se destaca la precisión con la que el director va construyendo una sensación de agobio sin permitirse excesos es su mayor mérito narrativo. La tensión acaba desbordando por acumulación y no por los golpes de efecto.

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