Este sábado 11 de octubre a las 21:30 horas, el Teatro Orestes Caviglia será escenario de la presentación de Le Quattro Stagioni (Las cuatro Estaciones) de Antonio Vivaldi, interpretado por La Follia que presenta este espectáculo interdisciplinario que fusiona la música barroca con la danza contemporánea y el arte visual.
Entrada general $18.000, con descuento para jubilados y estudiantes, disponibles en culturadetucuman.entradanet.com; y boleterías del Teatro San Martín y del Teatro Orestes Caviglia.
La producción es realizada por artistas y profesionales independientes radicados en la provincia de Tucumán, bailarines, músicos artistas visuales y de la escena.
El montaje se inspira en los elementos naturales y emocionales que Vivaldi plasmó en su obra. A través del diálogo entre la música, la danza y la tecnología visual, se generará una atmósfera envolvente que sumerge al
espectador en las estaciones del año, evocando sus contrastes y transiciones.
Las Cuatro Estaciones – 300 años de un legado universal es una celebración de la historia y la innovación, una propuesta que reafirma el diálogo entre el pasado y el presente, y una oportunidad para acercar la música de Vivaldi a nuevas audiencias a través de un lenguaje escénico contemporáneo.
Sobre Vivaldi:
Vivaldi nombró los primeros cuatro conciertos en honor a las estaciones del año y organizó sus ideas musicales para corresponder con sonetos descriptivos. Estas obras interrelacionadas, que conocemos simplemente como
Las Cuatro Estaciones, permanecen como las joyas más preciadas dentro del incomparable catálogo de conciertos solistas de Vivaldi.
Los sonetos ofrecieron a Vivaldi amplias oportunidades para la pintura musical, como en el primer movimiento de La Primavera, donde el canto alegre de los pájaros se representa con trinos en los violines, seguidos más
tarde por truenos y relámpagos. El apacible segundo movimiento retrata a un cabrero dormitando en un prado, con las violas interpretando el ladrido de su perro. El final introduce a ninfas y pastores danzando al son de gaitas, evocada a través de acompañamientos en forma de zumbido y en nuestra versión representados por cromornos.
El Verano trae consigo el “calor abrasador del sol”, reflejado en figuras musicales lánguidas. El solista inicia tocando en el estilo de un cuco (cuculus canorus), con su distintivo canto de dos notas insertado entre constantes golpes de arco. La llegada de un fuerte viento del norte desata una tormenta, agitando el movimiento. El segundo movimiento muestra otra siesta, esta vez interrumpida por la molestia de mosquitos y moscas, junto con ocasionales truenos. El final desata toda la furia de la tormenta veraniega, con líneas
musicales que caen como torrentes de lluvia.
El otoño comienza con campesinos bailando y bebiendo en celebración de la cosecha, hasta que todos caen en un sueño embriagado. El segundo movimiento desciende al más profundo letargo, con el solista uniéndose a las cuerdas con frases pausadas, mientras la guitarra y el clave decoran la armonía con arpegios improvisados (ad libitum). El final despierta con una cacería, completa con imitaciones de cuernos de caza, escopetas y ladridos de perros que persiguen a una fiera, quien acaba muriendo.
El Invierno pinta una escena de frío desolador, dificultad para caminar sobre la nieve y dientes castañeteando por el frío. El segundo movimiento traslada la escena a la calidez de un hogar junto a una chimenea, mientras las gotas de lluvia continúan cayendo fuera representadas por los pizzicati de los violines. El final comienza con pasos inseguros y resbaladizos sobre el hielo, hasta que se desatan ráfagas de viento furioso.

